
Dos especialistas advierten que el consumo fragmentado de contenidos y las notificaciones constantes no solo distraen: reconfiguran los hábitos cognitivos de fondo.
El uso simultáneo de computadoras, tablets y celulares —lo que se conoce como multitarea digital— no es solo una distracción pasajera: está modificando la forma en que el cerebro procesa la información y sostiene la atención. Esa es la advertencia central de dos especialistas consultados sobre el impacto del consumo tecnológico en la vida cotidiana.
Los expertos señalaron que el problema no es únicamente la cantidad de tiempo que se pasa frente a pantallas, sino la modalidad de consumo: el salto constante entre aplicaciones, las notificaciones que interrumpen cualquier tarea y el scroll de contenidos breves entrenan al cerebro para esperar estímulos nuevos cada pocos segundos. Ese condicionamiento hace cada vez más difícil sostener períodos de atención profunda y prolongada.
La preocupación no es nueva en la literatura científica, pero cobró mayor urgencia en los últimos años con la masificación de los celulares de alta conectividad y de plataformas diseñadas específicamente para maximizar el tiempo de pantalla mediante algoritmos de recomendación. El debate sobre la economía de la atención y sus consecuencias cognitivas lleva más de una década, pero los datos de uso siguen creciendo.
El dato que los especialistas subrayan con más fuerza es que el daño no ocurre solo mientras se usa el dispositivo: los hábitos de atención fragmentada se trasladan a contextos donde no hay pantallas de por medio, como reuniones de trabajo, clases o conversaciones. La capacidad de escuchar activamente o de leer un texto largo sin interrumpirse se deteriora incluso cuando el celular está guardado.
No hay una recomendación única ni un consenso cerrado sobre cuánto tiempo de pantalla es aceptable para adultos, ya que los estudios varían según el tipo de uso y el contexto. Lo que los especialistas sí coinciden en sugerir es la práctica deliberada de períodos sin notificaciones y la reducción del consumo pasivo de contenidos en plataformas de scrolleo infinito como medidas concretas y accesibles.
En un mundo donde el trabajo, el entretenimiento y las relaciones sociales ocurren cada vez más en pantallas, la pregunta no es si usarlas sino cómo. Los especialistas no proponen el rechazo tecnológico sino la conciencia sobre el uso: saber que cada notificación ignorada es también un entrenamiento para recuperar la capacidad de concentrarse es, paradójicamente, la mejor herramienta disponible.













