
El músico, detenido desde 2018, se presenta este lunes ante el Tribunal Oral N°29 en una audiencia que también contará con un perito y el padre César como testigos.
Adrián «Pity» Álvarez, exlíder de Intoxicados y figura emblemática del rock argentino de los 2000, declaró este lunes por primera vez en el juicio que se le sigue por el homicidio de un vecino en el barrio Villa Lugano. Es la primera vez que el músico toma la palabra formalmente ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°29 de la Ciudad de Buenos Aires.
Junto a Álvarez, también están previstos para declarar en la misma audiencia un perito y el padre César, cuya intervención en el caso no había sido detallada previamente en los medios. La defensa del músico ha sostenido a lo largo del proceso una estrategia que busca matizar la imputación principal, aunque los detalles de esa línea argumentativa no fueron anticipados antes de la audiencia.
El caso se remonta a julio de 2018, cuando Álvarez mató de un disparo a Cristian Díaz en la puerta de un complejo de viviendas del barrio porteño. El músico fue detenido semanas después, en circunstancias que incluyeron un intenso operativo de búsqueda. Desde entonces permaneció privado de su libertad, primero en una unidad penitenciaria y luego con diferentes medidas de alojamiento, en un proceso que se extendió por años.
El dato más significativo de esta jornada es que se trata de la primera declaración directa de Álvarez en el juicio oral. Hasta ahora, su figura estuvo presente en el expediente principalmente a través de pericias, testigos y el expediente de instrucción. Lo que diga —o decida no decir— este lunes puede ser determinante para la estrategia de la defensa en las audiencias que quedan por delante.
Lo que sigue es la continuación del debate oral, con posibles nuevos testimonios y la eventual producción de prueba pericial. Es un hecho confirmado que el juicio está en pleno desarrollo; lo que resta definirse es el calendario de las próximas audiencias y cuándo el tribunal estará en condiciones de pasar a los alegatos finales.
La declaración de Álvarez cierra una espera de casi ocho años desde el hecho. El juicio condensa dos realidades difíciles de separar: la del artista que marcó una generación con su música y la del hombre imputado por un homicidio que cambió su vida —y la de la víctima— de manera irreversible.













