Con Axel Kicillof como único postulante declarado, los mandatarios provinciales prefieren resguardar sus gestiones, asegurar el pago de sueldos y esquivar por ahora la carrera presidencial.
A tres años de las próximas elecciones presidenciales, el tablero político muestra un fenómeno inusual: casi la totalidad de los gobernadores en ejercicio decidió dar un paso al costado y retirarse de la carrera por el Sillón de Rivadavia. A excepción del bonaerense Axel Kicillof, quien mantiene sus movimientos orientados a la construcción nacional, el resto de los mandatarios provinciales optó por un prudente repliegue táctico. La prioridad del conjunto es estrictamente local: garantizar la gobernabilidad, cerrar las cuentas provinciales, abonar sueldos y aguinaldos sin sobresaltos financieros, y evitar cualquier desgaste prematuro en un escenario nacional aún volátil.
El repliegue es perceptible incluso en los distritos con mayor peso electoral del país. En Córdoba, Martín Llaryora enfoca su estrategia en conseguir la reelección provincial, mientras que en Santa Fe, Maximiliano Pullaro evita confirmar si usará la reciente reforma constitucional que lo habilita a un nuevo mandato. Ambos mandatarios habían sido, junto a Ignacio Torres (Chubut), Carlos Sadir (Jujuy) y Claudio Vidal (Santa Cruz), los articuladores de Provincias Unidas, un espacio surgido en las legislativas del año pasado que cosechó el 6% de los votos en 16 distritos y obtuvo ocho diputados. Sin embargo, aquella alianza perdió dinamismo en los últimos meses y hoy está lejos de consolidar un candidato presidencial propio.
La cautela actual contrasta de forma directa con la tradición política argentina desde el regreso de la democracia, donde las gobernaciones actuaron históricamente como trampolín a la Casa Rosada, tal como ocurrió con Carlos Menem, Néstor Kirchner, Eduardo Duhalde, Adolfo Rodríguez Saá, Hermes Binner o Eduardo Angeloz. Hoy, ni siquiera el impulso económico de Vaca Muerta tienta al neuquino Rolando Figueroa, quien ratificó públicamente que la gobernación será el último cargo de su carrera política. Detrás de esta decisión subyace un pragmatismo territorial: Figueroa busca preservar su vínculo institucional con la Casa Rosada y monitorear el avance local de dirigentes libertarios como la senadora Nadia Márquez, de estrecho vínculo con Karina Milei y Eduardo "Lule" Menem.
El dato políticamente más revelador pasa por los movimientos cruzados e individuales que ocurren por debajo del radar. Mientras el salteño Gustavo Sáenz armó junto al misionero Hugo Passalacqua el bloque "Argentina Federal" en la Cámara de Diputados y sugiere que los gobernadores sean quienes elijan al candidato de 2027, mantiene su histórico puente con Sergio Massa al tiempo que actúa como un aliado estratégico de los libertarios en el Congreso. En paralelo, el riojano Ricardo Quintela teje contactos con Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Raúl Jalil (Catamarca) para evitar que se vuelquen de lleno al oficialismo nacional, mientras exgobernadores como el santiagueño Gerardo Zamora y el sanjuanino Sergio Uñac —este último tras reunirse con el pampeano Sergio Ziliotto— ya operan activamente para construir un armado peronista alternativo que le compita directamente a Kicillof.
El escenario inmediato dependerá del resultado de los cierres económicos de fin de año y del desenlace de los comicios provinciales. La incógnita principal pasa por determinar si la estrategia de cautela de los mandatarios dialoguistas se sostendrá cuando comience el calendario electoral definitivo o si la atomización derivará en negociaciones bilaterales con Balcarce 50. Por su parte, la interna del peronismo ingresará en una fase decisiva a medida que la propuesta anti-Kicillof impulsada por referentes del interior intente sumar volumen político y voluntades legislativas.
El repliegue de los mandatarios provinciales confirma que, por el momento, la defensa de la caja y la supervivencia territorial cotizan por encima de las ambiciones nacionales. Resta saber si la falta de un proyecto federal unificado responde a un cálculo de autopreservación temporal o al reconocimiento implícito de una hegemonía política nacional que los gobernadores prefieren no desafiar.













