El crudo Brent rozó los u$s98 tras nuevos choques armados entre Estados Unidos e Irán en Ormuz, mientras el avance electoral de la ultraderecha en Alemania y la expectativa por la inflación estadounidense condicionan a los inversores.
La escalada bélica en el estrecho de Ormuz y el reordenamiento del tablero político europeo abrieron la semana con una fuerte presión sobre los mercados internacionales, en una jornada sin actividad bursátil en Wall Street por feriado. El recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán impulsó de inmediato la cotización del petróleo hacia máximos de casi dos meses, reavivando los temores a un shock inflacionario global que podría forzar a los principales bancos centrales a endurecer aún más sus políticas monetarias.
El disparador inmediato fue el anuncio de Teherán sobre el establecimiento de una zona de exclusión marítima en las inmediaciones de Ormuz, luego de que fuerzas militares estadounidenses atacaran tres petroleros iraníes y la Guardia Revolucionaria respondiera con misiles balísticos contra dos buques de guerra norteamericanos. Como respuesta automática, el barril de crudo Brent trepó 1,3% hasta ubicarse en los u$s97,6, acumulando un alza del 8% en la última semana y un incremento del 35% respecto a los valores previos al inicio de las hostilidades a fines de febrero. Paralelamente, los futuros de Wall Street operaron en rojo (el Nasdaq cayó 0,54% y el S&P 500 cedió 0,19%), mientras en Asia el yen japonés escaló a su nivel más alto en siete meses ante la expectativa de subas de tasas por parte del Banco de Japón, impulsando al Nikkei un 2,02% y al Kospi surcoreano un 4,61%.
El frente geopolítico no solo arde en Medio Oriente: Europa asimiló con nerviosismo el triunfo de Alternativa para Alemania (AfD) en los comicios estatales de Sajonia-Anhalt, lo que posiciona por primera vez a una fuerza de extrema derecha a las puertas del poder regional desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque la agrupación aún carece de mayorías absolutas y permanece lejos del control federal, su plataforma abierta para abandonar el euro encendió alertas en el sistema financiero. Este escenario coincide con sondeos en Francia que ubican a Marine Le Pen —también promotora de la ruptura monetaria— al frente de las preferencias de cara a la primera vuelta presidencial del próximo año, sembrando dudas sobre la cohesión a mediano plazo de la eurozona.
El dato neurálgico que altera las proyecciones de los inversores radica en la encrucijada de la Reserva Federal (Fed) estadounidense. El sólido informe laboral de agosto, que sorprendió con la creación de 162.000 puestos de trabajo, disparó las probabilidades de un ajuste de tasas en la reunión del próximo 16 de septiembre al 58%, cifra que trepa al 70% si se mira el encuentro de octubre. Con la energía encareciéndose a un ritmo del 35% semestral, la resistencia de la economía norteamericana deja de ser una buena noticia para los mercados y se transforma en un argumento para que las tasas permanezcan elevadas por más tiempo.
La definición de este rumbo quedará sellada este viernes, cuando Washington publique el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de agosto. Los analistas prevén un avance mensual del 0,4% y una inflación interanual del 3,4%; cualquier desvío por encima de esos parámetros sellará prácticamente la decisión de la Fed de subir el costo del dinero la próxima semana. A este factor se sumará la capacidad de Teherán para efectivizar el bloqueo en Ormuz, un paso marítimo neurálgico por donde transita cerca del 20% del crudo mundial, lo que determinará si el barril perfora la barrera psicológica de los u$s100.
La combinación de fricciones militares en rutas estratégicas de hidrocarburos, repliegues nacionalistas en el corazón de la Unión Europea y una liquidez global bajo amenaza configura un escenario de extrema vulnerabilidad financiera. Apenas comience a correr la operatoria formal en Nueva York y se conozca el termómetro de la inflación, el mercado sabrá si el actual rebote de los precios energéticos es un sobresalto pasajero o el inicio de una nueva fase de turbulencia internacional prolongada.














