Desde Dublín, el mandatario estadounidense cuestionó la capacidad británica para sostener el control militar en el Atlántico Sur y reavivó la tensión internacional en medio del avance de proyectos petroleros en las islas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el tablero diplomático internacional al afirmar desde Dublín que está dispuesto a intervenir en la disputa por la soberanía de las Islas Malvinas ante lo que calificó como un “potencial desastre” entre la Argentina y el Reino Unido. Sus declaraciones reabren una grieta geopolítica estratégica y colocan nuevamente al Atlántico Sur en el centro de la escena multilateral.
Durante una conferencia de prensa junto al primer ministro irlandés, Micheál Martin, y en declaraciones al medio británico GB News, el mandatario republicano cuestionó de manera abierta la capacidad de respuesta de Londres. “El Reino Unido tiene problemas con la inmigración y con la energía, así que no lo sé. No sé si estarán dispuestos a viajar tan lejos”, afirmó Trump antes de lanzar su advertencia: “Estoy seguro de que me llamarán para intervenir en ese potencial desastre, pero si lo hacen, probablemente podré resolverlo”.
Las palabras de Trump en la capital irlandesa representan la continuidad de una jugada iniciada semanas atrás, cuando admitió la posibilidad de “revisar” la postura histórica de neutralidad que mantiene Washington respecto al archipiélago ocupado por los británicos desde 1833. Esta maniobra busca presionar a la corona británica para que incremente su presupuesto de defensa, utilizando como elemento de negociación la disputa territorial reconocida por la Organización de las Naciones Unidas.
Detrás de los movimientos de Washington y de la postura británica radica un factor económico determinante: la inminente explotación del yacimiento petrolero offshore Sea Lion. La firma israelí Navitas Petroleum —operadora con el 65% de las licencias— y la británica Rockhopper Exploration —dueña del 35% restante— impulsan una etapa de inversión valuada en 1800 millones de dólares para iniciar la producción en 2028. Ante este avance, el presidente Javier Milei respondió mediante una cadena nacional en la que anunció sanciones a las empresas petroleras, la construcción de una base naval en Tierra del Fuego y el envío al Congreso de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
Frente a esta escalada, el escenario institucional y político entra en una fase de definiciones complejas. Mientras el gobierno argentino busca modificar la Ley 26.659 para aplicar multas y sanciones administrativas a las operadoras que actúen sin autorización de Buenos Aires, el gobierno británico enfrenta el dilema diplomático de responder a las presiones de la Casa Blanca. Al mismo tiempo, Trump insinuó su respaldo a la reunificación de Irlanda en el mismo viaje, demostrando su predisposición a utilizar tensiones soberanas históricas como herramienta de presión geopolítica.
Con una agenda en Dublín que combinó reuniones con autoridades oficiales como la presidenta Catherine Connolly y compromisos personales ligados a sus negocios en el torneo de golf de Doonbeg, Trump dejó en evidencia que las Malvinas volvieron a ser una pieza activa en el ajedrez internacional. La clave de las próximas semanas estará en determinar si Washington concreta la revisión de su neutralidad diplomática o si mantendrá la amenaza como mecanismo de coerción sobre el Reino Unido.













