Un homenaje transversal en el hotel Savoy con la reaparición del cordobesismo, el viaje del gobernador bonaerense a su sexta provincia y una cena clave en San Fernando marcan la hoja de ruta para reordenar la oposición.
El peronismo puso en marcha una ofensiva de reordenamiento político en el segundo semestre del año previo al calendario electoral, combinando gestos de distensión hacia el PJ cordobés, el despliegue territorial de Axel Kicillof y la reaparición estratégica de Sergio Massa. Aunque subsisten profundas diferencias internas y el debate por el liderazgo del espacio permanece inconcluso, la seguidilla de cumbres expuso la urgencia de estructurar una arquitectura de unidad competitiva y sin dispersión de votos para confrontar contra el gobierno de Javier Milei.
El catalizador institucional de esta convergencia fue un homenaje al exgobernador José Manuel de la Sota en el céntrico hotel Savoy de la Ciudad de Buenos Aires, organizado por su hija Candelaria. El evento logró sentar en una misma mesa a los referentes cordobeses Martín Llaryora y Juan Schiaretti junto a Massa, el senador santiagueño Gerardo Zamora, el ministro bonaerense Carlos Bianco, exgobernadores como Felipe Solá y Juan Manuel Urtubey, y el jefe de la bancada de diputados nacionales, Germán Martínez. En paralelo, Massa se trasladó a San Fernando para compartir una cena de trabajo con doce intendentes de la primera y tercera sección electoral bonaerense, mientras Kicillof desembarcó en Misiones para firmar convenios con el mandatario provincial Hugo Passalacqua y visitar cooperativas yerbateras en Apóstoles.
La movida en Misiones representa el sexto territorio subnacional que recorre Kicillof en su estrategia de edificación política federal, habiendo pasado anteriormente por Corrientes, Chaco, Tierra del Fuego y La Pampa. Por su parte, la presencia de Llaryora en la Capital Federal interrumpió una prolongada distancia de las fotos públicas con la dirigencia del PJ nacional. Envalentonado por el triunfo del oficialismo provincial en los comicios de Marcos Juárez, el gobernador cordobés busca preservar la hegemonía de su espacio —instalado en la provincia desde 1999— sin cerrar los canales formales de diálogo que buscan reabrir tanto el espacio de Kicillof como la conducción formal del partido.
El dato más sugestivo de las últimas horas se registró en las ausencias deliberadas del Savoy y en las definiciones reservadas durante la cena bonaerense. Pese a haber recibido invitaciones formales, la cúpula del kirchnerismo conducida por Máximo Kirchner, Wado de Pedro, Juliana Di Tullio y Mariano Recalde vació el tributo a De la Sota, dejando como única representación al santafesino Germán Martínez. Por el contrario, el salón del hotel porteño contó con la llamativa presencia del empresario bancario Jorge Brito, el exjuez de la Corte Suprema Juan Carlos Maqueda y el sindicalista Luis Barrionuevo. A su vez, frente a los jefes comunales bonaerenses, Massa deslizó un guiño institucional determinante: aunque confirmó que el Frente Renovador sostiene su postura histórica contra la reelección indefinida de intendentes, advirtió que su bloque 'no será un obstáculo' si la Legislatura junta las mayorías necesarias para revisar la norma vigente.
Frente a este escenario de movimientos fragmentados, las miradas convergen en la preservación de las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) como la herramienta institucional clave para dirimir disputas internas sin correr riesgos de fractura. Tanto la liga de intendentes bonaerenses —que intenta hacer equilibrio ante la tensión manifiesta entre Kicillof y La Cámpora— como la mesa política articulada alrededor de Massa coinciden en que la competencia en las primarias resulta indispensable para validar candidaturas y democratizar el espacio en 2027. En simultáneo, Kicillof continuará coordinando agendas institucionales con gobernadores provinciales que buscan diferenciarse del modelo económico del Ejecutivo nacional.
La reconfiguración del peronismo demuestra que la contienda por la futura conducción opositora se procesa en tres planos simultáneos: el consenso territorial de los intendentes en el conurbano, la proyección federal que intenta consolidar Kicillof y el histórico intento de integración del PJ cordobés. Sin un interlocutor único ni candidaturas ratificadas, la acumulación de señales cruzadas evidencia los apremios de una dirigencia que intenta edificar un piso de contención amplio antes de que las urgencias del año electoral terminen por cristalizar las divisiones de la coalición.














