Con solo un 10% de partidos ganados desde 2021, Estudiantes y Platense afrontan los cuartos de final con la estadística en contra, mientras la Copa Sudamericana muestra un panorama sorpresivamente diferente.
La brecha entre el fútbol argentino y el brasileño dejó de ser una percepción para convertirse en una condena estadística en la Copa Libertadores. De cara a los cruces de cuartos de final donde Estudiantes enfrentará a Corinthians y el sorpresivo Platense se medirá contra Fluminense, el panorama es desolador: los conjuntos nacionales cayeron en 17 de las últimas 20 series de eliminación directa disputadas contra rivales de Brasil desde 2021. Esta abrumadora paternidad explica por qué los equipos del vecino país se quedaron con las últimas siete ediciones de la máxima cita continental.
El desglose de los números revela una sequía alarmante: los equipos argentinos apenas pudieron ganar cuatro de los 39 partidos jugados en ese lapso, lo que representa un ínfimo 10% de eficacia. De esas 20 llaves 'mata-mata', solo tres terminaron con festejo argentino: Estudiantes ante Fortaleza en 2022, Boca por penales contra Palmeiras en 2024 y Vélez frente a Fortaleza en 2025. Del otro lado, Flamengo y Atlético Mineiro se consolidaron como los verdugos principales con cuatro eliminaciones cada uno, seguidos por Fluminense con tres, siendo River el club argentino que más sufrió esta hegemonía al acumular cuatro tropezones.
Reducir esta superioridad únicamente al abismal presupuesto de las sociedades anónimas y poderosos clubes norteños implica tapar la responsabilidad de la propia dirigencia local. Mientras Brasil afianzó torneos competitivos con planteles de jerarquía europea, la gestión del fútbol argentino optó por masificar la Primera División, pasando de 24 a 30 equipos entre 2021 y 2025. Este achatamiento de la vara competitiva interna expone semanalmente la falta de ritmo e intensidad que exige el ámbito internacional, emparejando el nivel local hacia abajo y condenando a sus representantes cuando cruzan la frontera.
Sin embargo, existe un contrapunto que desarma la teoría de una incapacidad absoluta y enciende la sospecha sobre cómo la jerarquía de los torneos influye en la cabeza de los futbolistas: en la Copa Sudamericana la historia es radicalmente distinta. En el mismo período, sobre 19 cruces mano a mano, los brasileños solo ganaron 11 contra ocho de los argentinos. Más aún, en las últimas dos ediciones completadas (2024 y 2025), la ventaja fue para la Argentina —seis clasificaciones sobre 11— con las consagraciones consecutivas de Racing y Lanús, lo que demuestra que la distancia se vuelve abismal únicamente en la elite de la Libertadores.
Los próximos días pondrán a prueba si esta tendencia logra torcerse o se profundiza. Por la Libertadores, Estudiantes abrirá su serie frente a Corinthians en La Plata, mientras que Platense afrontará una cita histórica arrancando ante Fluminense en el mismísimo Maracaná. En simultáneo, por la Sudamericana, Boca recibirá este martes a San Pablo en la Bombonera en el vigésimo duelo bilateral desde 2021, buscando dar el primer paso hacia una semifinal donde podría cruzarse con Vasco da Gama, Atlético Mineiro o Santos.
Para Estudiantes y Platense, la llave de cuartos de final no representará solo la búsqueda de un pase a semifinales, sino el desafío institucional de revertir un ciclo nefasto que amenaza con consolidar el dominio brasileño por octavo año consecutivo. Las cartas están echadas y la pelota comenzará a rodar en La Plata, Río de Janeiro y La Boca: el fútbol argentino se juega mucho más que una clasificación en una semana que dirá si la brecha es definitivamente insalvable o si todavía queda margen para la rebeldía.














