El presidente de la Cámara de Diputados defendió con dureza la gestión libertaria, tomó distancia de la vicepresidenta y condicionó el futuro de la reforma política a un debate exprés antes de fin de año.
Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados y uno de los principales armadores de La Libertad Avanza, profundizó la grieta interna en la cúpula del oficialismo al apuntar directamente contra la vicepresidenta Victoria Villarruel. En una extensa entrevista en el ciclo "Cara a Cara" de Clarín, el legislador riojano aseguró que la titular del Senado se desvió del mandato electoral que llevó a la fuerza al poder. El distanciamiento expone la creciente tensión en el binomio presidencial, en un momento en que el Gobierno necesita consolidar su fuerza legislativa para avanzar con reformas clave.
Durante el reportaje, Menem no ahorró contrastes al catalogar a su tío, Carlos Menem, como un "enorme líder" y calificar a Javier Milei directamente de "prócer", argumentando que el actual mandatario logró un "milagro" político al construir poder desde la nada. El titular de la Cámara baja defendió los números del rumbo económico actual —destacando la búsqueda del superávit financiero permanente por encima del modelo de la convertibilidad de los años 90— y justificó los salarios de los diputados nacionales, asegurando que cobran "seis millones y pico en neto", lo que definió como los sueldos más bajos proporcionalmente desde la vuelta a la democracia, marcando una fuerte diferencia con los 13 millones de pesos en bruto que se perciben en la Cámara alta.
La interna entre la Casa Rosada y Villarruel no es nueva, pero las declaraciones de Menem le ponen voz institucional a un malestar que suele transmitirse por lo bajo. El oficialismo opera en una situación de extrema debilidad parlamentaria, lo que obligó a tejer alianzas informales con el PRO y sectores del radicalismo para blindar vetos presidenciales y sostener la gobernabilidad. En ese escenario, los movimientos autónomos de la vicepresidenta en el Senado y su agenda propia —con foco en la defensa de las víctimas del terrorismo y gestos de independencia política— han irritado repetidamente al círculo íntimo de Milei, comandado por Karina Milei y Santiago Caputo, aliados estrechos de Menem en el armado nacional de la fuerza.
El punto más disruptivo de la estrategia legislativa que planteó Menem radica en el ultimátum temporal para la reforma política, específicamente la eliminación de las PASO. Según el riojano, para que las modificaciones electorales sean viables de cara a los comicios de 2027, la ley debe sancionarse indefectiblemente antes de que termine el corriente año para no alterar el esquema operativo de organismos como el Correo, el Renaper y el Ministerio del Interior. Menem justificó la urgencia en una cuestión de caja: argumentó que las primarias representan un gasto inútil de 250 millones de dólares para que los partidos diriman internas propias, presionando de esta manera a los bloques opositores "dialoguistas" a definir su postura sin dilaciones.
La viabilidad de esta agenda depende de una compleja ingeniería política que el oficialismo busca replicar "distrito por distrito" con el PRO para las elecciones legislativas. Menem evitó confirmar una fusión electoral directa, pero dejó claro que el objetivo prioritario es blindar el Congreso para asegurar la reelección de Milei, abriendo la puerta a disputas territoriales incluso en bastiones históricos del macrismo como la Ciudad de Buenos Aires. En lo inmediato, el debate por el Presupuesto será el termómetro real de estas alianzas, donde el oficialismo intentará imponer la premisa de emisión cero frente a gobernadores que reclamarán por fondos de obras públicas y cajas previsionales.
La abierta descalificación de Menem a la representatividad de Villarruel ratifica que el oficialismo prefiere la polarización interna antes que la asimilación de disidencias en su propia tropa. Al trazar una línea divisoria entre quienes acompañan la agenda dura de Milei y quienes se desvían de ella, el titular de Diputados no solo busca alinear la tropa propia frente a los desafíos legislativos inmediatos, sino que también anticipa que la campaña electoral comenzará a jugarse bajo una lógica de lealtad absoluta, donde no habrá margen para matices ni agendas personales en el universo libertario.














