El capitán xeneize sufrió un desgarro y se perderá cuatro encuentros clave, incluidas las semifinales de la Copa Sudamericana. Con un tratamiento personalizado, apunta a reaparecer el 1 de noviembre frente a River.
Leandro Paredes puso en marcha un reloj de arena particular en Boca. El capitán xeneize trabaja contrarreloj mediante un plan de recuperación personalizado para acortar los plazos de rehabilitación tras sufrir un desgarro, con la mira fija en el Superclásico ante River del próximo 1 de noviembre en La Bombonera.
La lesión ocurrió el pasado fin de semana durante el empate 2-2 frente a Instituto en Córdoba. El mediocampista y campeón del mundo ingresó en el segundo tiempo, pero apenas duró 17 minutos en cancha antes de sentir una molestia al ejecutar un pase y cambiar de ritmo, un diagnóstico que los estudios médicos posteriores confirmaron como un desgarro de grado 2 en el isquiotibial derecho.
Este contratiempo golpea a un Boca que atraviesa el tramo más caliente del semestre, disputando simultáneamente las instancias decisivas de la Copa Sudamericana, el Torneo Clausura 2026 y la Copa Argentina. El equipo que conduce Rodolfo Arruabarrena sufre una baja muy sensible en el aspecto futbolístico y en el liderazgo interno, justo en la previa de la serie internacional más esperada del año.
El dato crítico radica en la seguidilla de compromisos de máxima exigencia que el volante se perderá de manera inexorable. Paredes no estará disponible para la ida de las semifinales de la Sudamericana ante Vasco da Gama este martes 13 de octubre en La Bombonera, ni para la revancha en Brasil el 20 de octubre; tampoco jugará frente a Talleres de Córdoba el 16 de octubre ni en la visita a Independiente el 25 de octubre.
Para mitigar semejante ausencia, el cuerpo técnico analiza alternativas en un mediocampo diezmado por las lesiones, barajando nombres como los de Milton Delgado, Santiago Ascacíbar, Tomás Belmonte y Alarcón. La enfermería xeneize acumula nombres pesados que condicionan el armado del equipo, desde la rotura de ligamentos de Agustín Marchesín y la fractura de peroné de Tomás Aranda hasta las dolencias de Alan Velasco, Tomás Belmonte y Adam Bareiro.
Mientras cumple sesiones diarias en su domicilio supervisado por un kinesiólogo de confianza, la evolución física marcará el pulso de su regreso a las canchas. Arruabarrena y el propio jugador coinciden en respetar los tiempos biológicos para evitar recaídas, dejando el 1 de noviembre como la fecha ideal para su esperada vuelta en el clásico.














