Mientras los insurgentes aliados de Irán aseguran el control del estrecho de Bab el Mandeb y amenazan las exportaciones de crudo de Riad, Washington frena las presiones de Arabia Saudita para involucrarse militarmente.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reveló que los insurgentes hutíes de Yemen se comunicaron directamente con la Casa Blanca para solicitar que Washington mantenga al margen sus fuerzas del conflicto armado en Oriente Medio. La declaración expone una delicada maniobra diplomática en una zona estratégica para el comercio global de petróleo, donde la tensión entre las facciones regionales amenaza con desbordar los equilibrios internacionales.
Durante una visita oficial a Irlanda y tras mantener un encuentro con el primer ministro Micheál Martin, el mandatario estadounidense confirmó la existencia de conversaciones informales con el grupo rebelde respaldado por Irán. "Hemos tenido discusiones. Los hutíes nos llamaron y no quieren luchar contra nosotros; no quieren que vayamos tras ellos", afirmó Trump ante los medios. En el mismo espacio, sostuvo haber dialogado con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, y pronosticó de forma optimista que el conflicto "va a salir maravillosamente".
Detrás del optimismo de Trump existe una fractura estratégica con su aliado clave en la región. Un informe publicado por el portal estadounidense Axios precisó que el propio Mohamed bin Salmán llamó al presidente estadounidense en dos ocasiones durante la jornada del jueves para solicitar abiertamente bombardeos norteamericanos contra posiciones hutíes, propuesta que fue desestimada por Washington. Riad busca desesperadamente apoyo militar externo debido a que el bloqueo impuesto por Irán en el estrecho de Ormuz la obliga a volcar todas sus exportaciones de crudo por la ruta del mar Rojo, justo cuando la violencia en territorio yemení atenta contra su única vía de escape comercial.
La postura defensiva de Arabia Saudita se profundizó esta semana tras recibir un masivo ataque con drones y misiles disparados por los hutíes directamente contra sus instalaciones petroleras. Para consolidar su dominio, la milicia rebelde asumió el control del estrecho de Bab el Mandeb —paso clave que conecta a Europa con Asia— e informó que mantendrá libre la navegación para la flota comercial global, con una sola y categórica excepción: la prohibición total de paso para los buques mercantes con bandera saudita.
Ante el rechazo de la intervención directa de Estados Unidos, el choque bélico amenaza con intensificarse en el terreno local por la vía de los aliados regionales. En la jornada de este sábado, las fuerzas del gobierno yemení respaldadas por Arabia Saudita lanzaron una ofensiva armada contra posiciones de los combatientes hutíes en la ciudad costera de Moca, al norte de Bab el Mandeb, en un intento por recuperar el dominio de la línea marítima y garantizar la salida de sus embarcaciones.
La negativa del gobierno estadounidense a involucrarse de forma directa deja al principal exportador de crudo del mundo expuesto a una crisis logística sin precedentes entre la parálisis de Ormuz y el cerco militar sobre el mar Rojo. Mientras la administración Trump apuesta al contacto indirecto para evitar un nuevo frente militar en el exterior, el control ejercido por los hutíes en la ruta comercial más sensible de Oriente Medio mide la resistencia de la economía energética internacional.












