
El ex jefe de la escudería austriaca habló por primera vez con detalle sobre los meses previos a su salida y el modo en que se ejecutó su desvinculación.
Christian Horner rompió el silencio sobre su salida de Red Bull Racing, la escudería con la que ganó múltiples campeonatos de Fórmula 1 como director. En declaraciones públicas, el ex jefe del equipo austriaco fue contundente: «No todos los equipos actúan con esa brutalidad», en referencia a cómo fue ejecutado su despido.
Horner lideró Red Bull durante dos décadas y fue la cara visible de una era dominante en la Fórmula 1, que incluye los títulos consecutivos con Max Verstappen. Su salida se produjo en un contexto de alta tensión interna, con acusaciones que circularon públicamente y que él siempre negó, y que terminaron por hacer insostenible su continuidad en el cargo.
La partida de Horner fue uno de los episodios más comentados del paddock en los últimos años. La investigación interna que Red Bull llevó adelante, los rumores, los comunicados y las contradicciones públicas entre las distintas partes convirtieron el caso en un culebrón que ocupó portadas más allá del mundo del automovilismo.
El dato que cambia la lectura es que Horner, aun pasado más de un año de su desvinculación, sigue procesando la forma —no solo el fondo— en que ocurrió. La distinción que hace entre que lo hayan echado y cómo lo hicieron apunta directamente a la cultura interna de Red Bull, y es una crítica que el equipo no puede ignorar fácilmente.
No hay señales de que Horner vaya a volver a ocupar un rol ejecutivo en la Fórmula 1 en el corto plazo, aunque el mundo de las escuderías rara vez cierra puertas de manera definitiva. Sus declaraciones podrían tener consecuencias legales o contractuales dependiendo de los acuerdos de confidencialidad firmados, algo que por ahora no está confirmado.
Horner construyó una leyenda en Red Bull y salió por la puerta de atrás en condiciones que él mismo califica de brutales. Que haya elegido decirlo públicamente, con nombre y equipo, es una señal de que la herida sigue abierta —y de que no tiene intenciones de cicatrizarla en silencio.














