Pese a que Milei y Caputo festejaron la inflación del 1,7% en agosto, las demandas de la calle cambiaron de eje. Negociaciones con el PRO, tensiones con las provincias y la reaparición de la agenda parlamentaria.
El festejo oficial por la inflación del 1,7% en agosto no alcanzó para opacar un dato que encendió las alarmas en los despachos de la Casa Rosada: la desaceleración del índice de precios dejó al descubierto el estancamiento de la actividad económica y la falta de reactivación del consumo. Mientras la gestión de Javier Milei echa mano del éxito inflacionario como su principal bandera, la calle empieza a imponer demandas de segunda generación enfocadas en la falta de ingresos y la desaceleración del crecimiento a un ritmo sensiblemente menor al previsto originalmente.
El impacto del parate económico se percibe con nitidez en el paisaje urbano porteño y en las principales ciudades del interior. Según relevamientos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la vacancia de locales comerciales en arterias clave como las avenidas Santa Fe, Córdoba, Corrientes y Rivadavia aumentó un 30% en los últimos meses. Aunque el relato oficial adjudica estas transformaciones a reacomodamientos del mercado o a la migración hacia las ventas digitales, la percepción ciudadana vincula este cierre masivo de persianas directamente a la recesión. A esto se suma el cuestionamiento técnico sobre la medición del INDEC, cuyo índice quedó en discusión desde que la gestión libertaria frenó la actualización de la canasta para evitar un mayor impacto de las tarifas de servicios públicos.
Ante el desgaste que genera el freno económico, el armado político del oficialismo pasó a un ritmo frenético con la mira puesta en las próximas elecciones. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, volvió a reunirse con la cúpula del PRO para sellar alianzas electorales de alcance nacional. En paralelo, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, lidera las conversaciones en más de diez provincias conducidas por gobernadores aliados, radicales y del vecinalismo, buscando esquemas de integración que eviten la dispersión del voto frente al peronismo, emulando la estrategia de absorción que ya aplicó el mandatario chaqueño Leandro Zdero.
La trastienda de este movimiento responde a un diagnóstico crudo que hacen en los pasillos de Balcarce 50: Milei competirá el año próximo contra el impacto real de su propia gestión en la vida cotidiana de la sociedad. En la vereda de enfrente, el peronismo aún no logra definir un liderazgo alternativo articulado, en gran medida porque Cristina Kirchner —incluso recluida y en silencio— mantiene su poder de veto interno. Para la estrategia libertaria, polarization con posturas extremas resultaría políticamente más cómodo de explicar a su electorado, aunque un escenario de incertidumbre institucional termine ahuyentando las inversiones financieras que el ministro Luis Caputo necesita sostener.
Para recuperar la iniciativa parlamentaria tras perder la agenda en las últimas semanas a manos de proyectos opositores sobre morosidad y fondos para la discapacidad, el Poder Ejecutivo prepara dos estocadas legislativas. Por un lado, enviará la denominada Ley de Soberanía, un compendio normativo de corte nacionalista centrado en la cuestión Malvinas. Por otro lado, presentará el proyecto de Presupuesto para 2027, el documento clave donde quedarán expuestas las proyecciones oficiales de inflación, cotización del dólar y el margen de transferencia de fondos que el Gobierno piensa otorgar a sectores estratégicos en pleno año electoral.
El reparto presupuestario se perfila así como el próximo terreno de batalla entre la Casa Rosada y las provincias. Con los gobernadores exigiendo recursos y garantías fiscales para sostener sus distritos, las proyecciones económicas de Milei y Caputo se someterán a una prueba decisiva. La batalla por la pauta de gastos de 2027 no solo medirá la capacidad de negociación política de la gestión libertaria, sino que marcará el verdadero pulso de una economía real que exige respuestas más allá de la planilla de inflación.













