Con los plazos parlamentarios al límite, la Casa Rosada explora alternativas como la suspensión por única vez. La estrategia para fracturar al peronismo contrasta con la calma del Presidente y agudiza las diferencias con Patricia Bullrich.
La Casa Rosada reconoció puertas adentro que hoy no cuenta con la mayoría parlamentaria necesaria para derogar las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), pero Karina Milei se negó a dar por archivado el proyecto y decidió elevar al máximo la exigencia sobre los bloques aliados. La reapertura de la Comisión de Asuntos Constitucionales en el Senado esta semana marcará la reactivación formal de una discusión condicionada por las advertencias de la Justicia electoral sobre el inminente vencimiento de los plazos. Frente a un mapa de votos desfavorable, la conducción libertaria ya analiza variantes negociables: desde aplicar una suspensión por única vez hasta aceptar la propuesta de sectores dialoguistas para mantener las PASO pero eliminando su obligatoriedad.
La maniobra para alinear la tropa quedó a cargo del jefe de Gabinete, Diego Santilli, quien bajó una directiva tajante a gobernadores e interlocutores de la oposición afín: el respaldo a la reforma electoral es una condición previa e indispensable para acordar cualquier armado conjunto de cara al próximo turno electoral. La mayor resistencia proviene del PRO, conducido por Mauricio Macri, donde rechazan firmar compromisos parlamentarios a ciegas sin garantías previas sobre el esquema de alianzas. Pese a que el discurso oficial justifica la iniciativa en la necesidad de generar un ahorro fiscal estimado en 250 millones de dólares, el trasfondo de la negociación responde a un estricto cálculo de supervivencia política.
Para la secretaria general de la Presidencia, la erradicación de las primarias constituye una herramienta táctica central. Asesorada por su mesa chica, Karina Milei sostiene que la falta de internas obligará al peronismo a dirimir sus candidaturas sin un mecanismo de síntesis institucional, lo que profundizaría la ruptura entre Cristina Kirchner, Máximo Kirchner y Axel Kicillof. Al mismo tiempo, el armador libertario busca obturar el surgimiento de ofertas electorales de corte liberal no peronista —mencionando los movimientos de figuras como el propio Macri, el empresario de medios Daniel Hadad o el banquero Jorge Brito— que puedan captar votos descontentos por derecha sin quedar integrados a la estructura oficial.
El aspecto más revelador del escenario actual es el contraste entre la hiperactividad estratégica de Karina Milei y la ostensible indiferencia de Javier Milei respecto a la suerte de la ley. A pesar de que la mayoría de los sondeos refleja un desgaste en la imagen presidencial debido a la parálisis en sectores clave de la economía, el jefe de Estado asegura ante su entorno que obtendrá la reelección en 2027 sin importar el diseño del sistema electoral. El mandatario se apoya en relevamientos de firmas como DC Consultores, que en su último estudio adjudicó a La Libertad Avanza un 43,7% de intención de voto frente al 26,1% del kirchnerismo, respaldando su tesis de que la elección se resolverá como un dilema entre 'futuro y pasado'.
Mientras el debate avanza a contrarreloj, la tensión legislativa terminó de detonar la relación interna entre Karina Milei y Patricia Bullrich. En el círculo íntimo de 'El Jefe' desconfían del compromiso de la exministra de Seguridad con la eliminación de las PASO y sospechan que busca mantener abierta la vía de las primarias para encabezar una opción moderada si el oficialismo sufre un mayor desgaste. Como respuesta, la secretaria general comenzó a puentearla en las gestiones directas con los senadores libertarios, un aislamiento que se profundizó tras las recientes declaraciones de Bullrich en la Universidad de San Andrés, donde puso en duda la efectividad de la recuperación económica y advirtió que 'el cambio es más largo que la vida de un Gobierno'.
Con la comisión del Senado a punto de abrir el debate y la Justicia electoral presionando por definiciones formales, el Gobierno se encamina a una prueba de fuerza que medirá la verdadera influencia de la Casa Rosada sobre sus socios parlamentarios. La insistencia del karinismo por desarticular las primarias expone que, más allá de la confianza pública que exhibe el Presidente, la mesa ejecutiva de Balcarce 50 percibe que la dispersión de la oferta política resultará determinante para sus aspiraciones de continuidad.













